Opinión

Lo que nos deja el infame Mundial de Catar (o cuando el dinero todo lo puede en Occidente)

FT: Catar advierte que el escándalo de corrupción en la UE podría afectar a la seguridad energética

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Por un lado, Marruecos, pues aun cuando el escándalo se conoce como ‘Catargate’, no solo Catar estaba involucrado en el escándalo, sino que Marruecos también formaba parte de la corrupta red de sobornos. Lo que abre muchos interrogantes: ¿han pagado también para la aceptación de su plan final sobre el Sáhara?; ¿cuántos países más han podido sobornar al Parlamento Europeo u otras instituciones europeas y con qué fin?; ¿cuántos parlamentarios o instituciones están implicadas en este u otros escándalos?…

Además, quedan muchas preguntas por resolver, pero parte de ellas han comenzado a ser esbozadas por el abogado de Eva Kaili, que ha acusado a la Comisión Europea y Josep Borrell de estar al corriente de la operación de blanqueo de imagen de Catar. Incluso de impulsarla y liderarla. Y, ciertamente, es así. Aun cuando Josep Borrell, que ya fue condenado a una multa de 30.000 euros por vender acciones con información privilegiada, no haya vuelto a caer en la tentación, ello no disminuye un ápice su responsabilidad: blanquear un régimen como Catar es ignominioso. Y, la verdad, uno ya no sabe qué es peor si hacerlo gratis o cobrando. 

¿Y los arbitrajes?

Por otra parte están los arbitrajes, en especial los que han rodeado a Marruecos y Argentina, los cuales arrojan serias dudas sobre la limpieza de la competición y recuerdan lo sucedido con Corea del Sur en el mundial de Japón y Corea del Sur del año 2002. En esa competición, Corea del Sur recibió arbitrajes muy cuestionados hasta llegar a semifinales, un hito histórico para el país, momento en el que el arbitraje volvió a ser normal. Tal es así que Marruecos ha copiado en este mundial de forma exacta el recorrido de Corea del Sur en aquel mundial: triunfos polémicos y sorprendentes en octavos y cuartos de final y derrotas en semifinales y la final de consolación por el tercer puesto, cuando las ayudas arbitrales se acabaron o ya no fueron suficientes. Además, ambas se convirtieron en las selecciones de Asia y África que llegaron más alto en un mundial —Turquía derrotó a Corea del Sur en el partido por el tercer y cuarto puesto, pero es un país puente, en parte europeo y en parte asiático— y lo hicieron en mundiales en los que fueron copartícipes —Corea del Sur con Japón y, como vemos, en los despachos, Marruecos también ha sido anfitriona junto a Catar—. Demasiada casualidad.

«Con sombras de corrupción sobre el Parlamento o la Comisión europeas, las organizaciones occidentales responsables del Mundial o los arbitrajes y unos más que cuestionables valores en las grandes estrellas y selecciones de fútbol, así como comentaristas o medios de comunicación occidentales, ¿queda algo limpio o sin sospecha de ser sucio?»

Para el recuerdo quedarán el penalti pitado a Argentina —cinco penaltis en siete partidos— en cuartos de final ante los Países Bajos o los penaltis no pitados a Marruecos ante Croacia o Francia ante Inglaterra o la propia Marruecos, así como la permisividad con las acciones violentas o las pérdidas de tiempo marroquíes. Polémicas que, teniendo en cuenta la existencia de videoarbitraje, dejan muchas dudas en los aficionados. Máxime si atendemos al historial de corrupción de la FIFA y la UEFA, entidades occidentales situadas en Suiza que operan de forma cuasimafiosa.

No descarten que en los próximos años se desvelen esas piezas del puzle que ahora no pocos intuyen: en el año 2010, Byron Moreno, árbitro ecuatoriano que ayudó a Corea del Sur —ante Italia— en el mencionado mundial del año 2002, fue detenido en el año 2010 en el aeropuerto JFK de Nueva York con seis kilos de heroína y múltiples miembros de la FIFA fueron detenidos en el año 2015 —dieciséis dirigentes latinoamericanos de FIFA fueron acusados de corrupción en Estados Unidos—.

Llegados a este punto, con sombras de corrupción sobre el Parlamento o la Comisión europeas, las organizaciones occidentales responsables del Mundial o los arbitrajes y unos más que cuestionables valores en las grandes estrellas y selecciones de fútbol, así como comentaristas o medios de comunicación occidentales, ¿queda algo limpio o sin sospecha de ser sucio? Parafraseando a Ece Temelkuran, «pensar que el fútbol es sucio es creer que la humanidad es sucia», es mejor que no lo piensen.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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